El calor y el peligro de las playas

Hace un calor espantoso en NY: estas últimas semanas las temperaturas rondan los 32-35 grados de máximas, con mínimas de entre 20 y 22. Sí, parece que me quejo de vicio, y sé que no es tanto como en España. Pero es que con la humedad relativa que tenemos aquí, que durante el día está entre el 70% y 80%, la sensación térmica es de al menos 5 grados más de lo que marca el termómetro, y puede llegar hasta los 42 o 45 grados sin pestañear. Con esto, los neoyorquinos acuden en masa a sitios fresquitos donde tomarse un respiro. Fuentes, piscinas, e instalaciones especiales para mojarse un poco. También centros comerciales, comercios y supermercados, con el aire acondicionado a tope y en los que te acabas muriendo de frío. Pero lo que sea para huír del sol, que pica mucho.

Instalación con vapor de agua junto al Unisphere. Flushing Meadows Corona Park, Queens, NY.

¿Y qué pasa con las playas? Bueno, pues este año las playas están teniendo… bastantes problemas. Resulta que desde que se abrieron el pasado 31 de mayo, se han registrado muchos más avistamientos de tiburones de lo normal, e incluso ha habido varios ataques leves. Tanto es así, que en plena ola de calor, la gobernadora Kathy Hochul decidió cerrar temporalmente las playas de Long Island, consternando a cientos de acalorados ciudadanos (se puede leer la noticia aquí). Curiosamente, no es el único estado donde se han visto tiburones, ya que en las costas de Connecticut, Rhode Island y Massachussets también hay muchos más de lo esperado. Se dice que las altas temperaturas del agua los atraen a la costa, al igual que a los delfines, ballenas y otros animales marinos.

Carteles de advertencia a la entrada de varias playas en Cape Cod, Massachussets. No dan ganas de bañarse 😅

Hace unas semanas estuvimos en una playa en Provincetown, en Massachussets, y se podía notar que había miedo a meterse demasiado dentro del agua. Por la mañana se habían visto tiburones y la gente no se sentía segura. Pero el mar estaba lleno de vida: gaviotas, charranes, cormoranes buceando a nuestro lado… A lo lejos, de vez en cuando, se podía ver el chorro de la respiración de alguna ballena. Y un poco antes de ir a la playa, habíamos visto dos focas grises en el puerto, para nuestra alegría. Así que nos metimos hasta la cintura en un agua absolutamente helada, y nos volvimos a la orilla con relativa rapidez mientras nos daba la risa floja. Al día siguiente, leí en una noticia que en esa misma playa habían visto una carabela portuguesa… También estuvimos de pasada en la costa de Newport, en Rhode Island, y pudimos ver como la gente estaba en la playa sólo tomando el sol y disfrutando de paseos por la orilla. Y las rocas llenas de cormoranes y correlimos.

Preciosa vista de la playa de Race Point, Provincetown, Massachussets. Se puede ver como la poca gente que hay no se mete en el agua.

Es curioso como en este país estamos tan en contacto con la vida salvaje, siempre me maravillo de ello. Y pese a que este calor horrible sea consecuencia del calentamiento global, me alegra ver que al menos hay tantos animales que lo sobrellevan. Y si el no bañarnos en las playas les deja su espacio, pues tampoco pasa nada, ¡que siempre nos quedan las piscinas!

De ruta por el campo

Con lo poco que les gusta andar a muchos americanos, no deja de parecerme curioso lo populares que son las rutas para andar en la naturaleza. Ya sé que no es igual estar en un bosque precioso que ir andando a comprar un café a la gasolinera… ¡Desde luego, no es lo mismo 😂! Sólo en el estado de Nueva York, hay más de 700 rutas o trails, casi todas en reservas naturales o parques. A menos de 20 minutos en coche de mi casa, puedo encontrar más de 100 de ellas, es muy impresionante. Y con toda la naturaleza que hay aquí, la verdad es que se agradece.

La mayoría de las rutas tienen una estructura similar. Al comienzo, suelen tener plazas de parking; en los parques grandes, muchas veces te cobran una pequeña cantidad por aparcar, principalmente por motivos de mantenimiento, y para también controlar que no se llene en exceso. En estos parque grandes, también es común encontrar cerca de la entrada una zona de picnic o zonas de barbacoas públicas. A veces, también puedes encontrar un centro de actividades, baños y, en sitios especialmente populares, he llegado a ver tiendas de recuerdos. Antes de entrar en la ruta, casi siempre hay un pequeño tablón de anuncios informativo. En él ponen mapas de la zona, recomendaciones y avisos. Por ejemplo, es muy común poner precauciones ante animales (las famosas garrapatas sin ir más lejos), si admiten perros (en muchas sólo con correa) y los horarios del parque. Algunas rutas cierran durante el invierno, y suelen estar abiertas desde el amanecer al anochecer.

Rutas y señalizaciones en Saratoga State Spa Park, Saratoga Springs, NY

Hay rutas para todas las edades, dificultades y actividades, siendo las más populares andar, correr, montar en bicicleta, montar a caballo, pescar, observar pájaros o animales, y esquiar o andar sobre nieve. También, por supuesto, hay rutas con escalada o bosque a través, que tienen mayor dificultad. La mayor parte de ellas están muy cuidadas, pavimentadas en muchas ocasiones y bien señalizadas. Algunas están más asalvajadas, depende un poco de quién las mantenga, que pueden ser organizaciones estatales, locales, privadas o incluso voluntarios. Hay tantas, que muchas veces vas por la carretera y te encuentras la entrada señalizada de alguna de la que no tenías ni idea, medio oculta por la vegetación. Y la verdad es que son preciosas de descubrir.

La ruta de Bronx River Pathway, que va desde Harstdale a la presa de Kensico está muy bien cuidada. Tanto que hasta tiene paradas con audiocomentarios. Scarsdale, NY.
Las rutas de Silver Lake Preserve van directamente por el bosque y apenas se ve por dónde hay que ir. Por suerte, se atisban los círculos amarillos en los árboles y rocas, para saber que vas por el buen camino. Harrison, NY.
Watkins Glen es el parque más bonito en el que he estado. Las ruta principal es simplemente espectacular y merece muchísimo la pena de visitar. Watkins Glen, NY.

Así que ahora que hace buen tiempo, es muy común irse a pasar la mañana caminando por uno de estos trails, o a la caída de la tarde, cuando hace menos calor. Aquí hemos podido ver paisajes muy impresionantes, cataratas, ríos y bosques, y animales de todo tipo, desde ciervos y mapaches, a todo tipo de pájaros y mariposas. Sólo hay que acordarse de llevar buen calzado, protección contra el sol, un buen insecticida, una botella de agua, ¡y al campo!

Llega el verano

Aunque oficialmente el verano no llega hasta el 21 de junio, el pistoletazo de salida lo marca el Memorial Day. Este día, que se celebra el último lunes de mayo, crea uno de los pocos puentes que hay en el calendario americano, (Memorial Weekend) y es el día que se abren las piscinas y las playas. Permanecen abiertas hasta el Labor Day, que es el primer lunes de septiembre. El día que acaba el verano, no oficialmente.

Pues sí, ya ha empezado, y en efecto todo se ha celebrado este pasado Memorial Weekend. Ha habido una gran diferencia con respecto al año pasado en pandemia: ha habido desfiles, eventos y celebraciones de los caídos. También se ha vendido el merchandising normal de esta época del año, todo con sus colores blanco, rojo y azul. Por si os lo preguntáis: sí, se ve a la gente vestida con esos colores en el Memorial Weekend, y con estrellas. Las calles se han vuelto a engalanar con banderas americanas, que se quedarán hasta julio, y este mes compartirán espacio con las banderas del orgullo LGBTQ+. La gente se ha echado a la calle todo lo que ha podido. Bueno, todo lo que le ha dejado el tiempo, que está loco, y estamos pasando de los 35ºC y calor agobiante, a 17ºC y tormentas brutales. A veces, en el mismo día 😅.

Banderas americanas y del arco iris en Manhattan, en junio del 2021

Pero el tiempo no ha impedido del todo que la gente se lanzara a las barbacoas públicas (las hay en parques, edificios y condos) y a las piscinas. Las barbacoas continuarán siendo una constante durante todo el verano: en el patio de nuestro edificio es normal encontrar agente cocinando en ellas todos los días. Y por supuesto, ¡el verano aquí significa s’mores! Para la gente que no los conozca, los s’mores son un «postre» típico de los campamentos de verano. Para hacerlo, hay que coger una nube de azúcar (malvavisco o marshmallow), ponerlo en una hoguera o barbacoa hasta que se derrita un poco, y añadirle un trozo de chocolate entre dos galletas. Esto tiene su técnica, y cualquier niño americano estará encantado de enseñarte lo mal que lo haces 😂. Incluso hay marcas que se consideran las óptimas para hacerlos (Graham, Hershey’s y Jet-Puffed 😌). El caso es que aquí les encanta, y no sólo venden packs para hacerlo, si no que se pueden encontrar postres, cereales, helados y bebidas con este sabor. Los s’mores es una de las cosas que hay que probar aquí, no tiene tanta gracia si no.

Estantería de un super mercado con todo lo necesario para hacer s’mores.

Por lo demás, veamos qué tal se nos da este verano, en el que ya se siente que no hay tantos problemas con el COVID y parece que podremos vivir una experiencia más auténtica 🤞.

Propinas inesperadas

Cualquier español que haya estado alguna vez en los Estados Unidos, sabe que allí las propinas en bares y restaurantes funcionan diferente. En España la propina es optativa y se suele dar como una recompensa extra al buen servicio. Aquí en Estados Unidos, el hecho de no dejar propina se considera extremadamente maleducado. La propina va directamente a la persona que te ha servido y forma una parte importante de su sueldo. Tanto es así que muchos camareros no podrían llegar a fin de mes sin ese dinero, ya que su salario base es muy bajo. Este sueldo es bajo porque se entiende que les van a dar propinas, pero no siempre tienen suficientes propinas… Una pescadilla que se muerde la cola.

Total, que tú no quieres ser ingrato con ese camarero tan majo que te ha traído agua fresquita y te ha hecho un par de chistes. Por supuesto, tampoco quieres que se quede en la calle. Y puede que te apetezca volver a ese restaurante sin que te miren mal… El resultado es que normalmente se deja una propina que suele ser un porcentaje de lo que te hayas gastado. Lo que se suele dejar es entre un 15% y un 25%, aunque para cosas pequeñas (un café, por ejemplo), he llegado a ver el 5%. Es un poco pesado, sobre todo al principio, hacer el cálculo para dejar la propina. Pero te acabas acostumbrando e, incluso, en algunos sitios ayudan poniéndote en las cuentas varios porcentajes que puedes dejar.

Copia de cliente de una factura en un restaurante de Manhattan, con varias opciones para la propina.

Así que pronto te acostumbras a dar propinas a los camareros. Pero lo que no me esperaba, es lo que el otro día me llegó por correo: una petición para dar una propina a un médico.

La traducción es la siguiente:

«¡Quiero expresar mi gratitud!

¡Sí! Estoy encantada de hacer este regalo especial al Hospital _ en reconocimiento de vuestro excelente personal y la alta calidad de los cuidados médicos que me proporcionasteis.

Por favor, para pagar este regalo, ponlo a nombre del Hospital _ y devuélvelo con su formulario en el sobre proporcionado. Para pagarlo, mira el reverso. También puedes hacerlo online en _ o por teléfono, si te es más sencillo.

¡Tu tarjeta se dará a la enfermera o doctor que haya marcado la diferencia para tí!«

Y en la parte de abajo:

«Querido _

Gracias por los compasivos cuidados que recibí en el Hospital _. Hicistéis mi dificil momento un poco más fácil.«


Ya sé que más que una propina, lo que me están pidiendo es una donación. Pero es básicamente lo mismo, a nivel práctico, porque me piden que sea a una persona o equipo por su servicio. ¡Y bien bonita, que parece una postal! 😂 Esto me viene por una radiología que me tuve que hacer (¡nada grave, fue una prueba de diagnóstico de 10 minutos!). Para pagarla, me llegó por un lado la factura del procedimiento, y por otro, la factura para el médico y el equipo. Así que ellos ya están pagados. La tarjetita venía acompañada de una carta que animaba a donar también para el hospital, ya que, según explicaba, eran una organización sin ánimo de lucro y que necesitan invertir en infraeestructuras, tecnología y formación.

Y yo no quiero ser ingrata, porque la verdad es que tanto médicos como enfermeras me trataron muy bien. Excepto para mandar los resultados, que tardaron dos meses, y no nos contestaban a llamadas, mensajes ni correos electrónicos… Y también lo digo: los médicos no son precisamente baratos, y sé que los seguros cubren sus sueldos.

Así que bueno, me lo tengo que pensar. Sobre todo si quiero volver 😅.

Relaciones con el alcohol

Me llama mucho la atención la relación que tienen muchos americanos con el alcohol. Una de las cosas que me parece curiosa, es el hecho de que se venda tanta cerveza en las gasolineras. Ya sé que en España se vende, pero no he visto ni tanta cantidad ni tanta variedad. Está prohibido en NY vender vino y licores en las gasolineras, así que con la cerveza parece que hacen su agosto.

De hecho, hace no mucho entré en una que tenía su propia sección de packs, tanto de cervezas como de gaseosas con alcohol (hard seltzers, son muy populares por aquí). Así, podías comprar tus cervezas frías de las neveras, y después coger una caja de 12 o 18 unidades para el camino. ¡O varias! No sólo cervezas comerciales, si no también artesanales. Y a buen precio.

Gasolinera de NY

Pero claro, también es verdad que el alcohol es carísimo. En un bar o restaurante, una cerveza sale a unos $6 si es convencional o a $8 / $12 si es artesanal. Una copa de vino, puede ser de $10 a $15, si no más. Y un cóctel, de $12 a $16. Por esto, a veces tomarte un cóctel sale a cuenta. Y se nota que aquí les encantan los cócteles, sobre todo por la variedad y por el entusiasmo. No es raro que haya restaurantes famosos sólo por sus cócteles, ni tampoco es raro ver cócteles de temporada (¡que se acaban, no dejes pasar la oportunidad!) o cócteles de baristas invitados. La verdad es que suelen estar muy trabajados, no vamos a negarlo.

Precioso cóctel con café en copa de cobre

También hay muchísimo rechazo a beber. Me he enterado hace nada que existen los llamados «condados secos» o «dry counties«, donde está prohibido vender y consumir alcohol. En New York no hay, pero sí que hay «comunidades secas» o «semi secas», en las que se limita la venta. En concreto, en el estado de New York hay 7 ciudades secas y 39 parcialmente secas. En las parciales, se aplican normas como que sólo se puede comprar alcohol para llevar, o no se puede beber en eventos deportivos, o sólo se puede beber en las fiestas.

Otro dato curioso de Nueva York es que hasta 1982, la edad legal para beber eran los 18 años. Ese año se subió a 19 años, y duró hasta 1985. El año anterior, el Acta Nacional para el Mínimo de Edad para Beber redujo un 10% las ayudas federales para autopistas a los estados cuya edad mínima fuese menos de 21. Así que decidieron subir la edad, lo cuál tiene sentido porque ese dinero se necesita, creedme. Actualmente, los menores de 21 no pueden comprar o tener alcohol para el consumo. Tampoco pueden entrar en una licorería sin estar acompañados de un adulto, no sea que la vayan a liar o algo. Pero bueno, también me han hablado de hoteles en los que no te dejan ir al bar si vas con tu hijo.

La última vez que fuimos a nuestra tienda de cervezas favorita a comprar, hice la siguiente foto. Quiero señalar el cartel que se ve en la parte superior, donde se puede leer:

«Por debajo de 21 No hay tabaco.

We Card (es un programa para la prevención del tabaco en jóvenes). La ley prohibe la venta de tabaco a menores.

Por favor, ten preparado tu carnet de identificación»

También decir que la tienda no sólo vende cerveza, si no también refrescos y gaseosas, por lo que un menor podría entrar sin problemas. Pero la verdad, no puedo evitar pensar que parecen mucho más preocupados por el tabaco que por toda la cerveza que hay en esa tienda.

Docenas de cervezas, pero cuidado con el tabaco

Así que se puede ver que hay muchas formas de consumir alcohol: caras, baratas, de calidad alta y baja. Y también se ve que hay mucha protección a los jóvenes, lo cuál está bien, además de que se les intenta educar para que conozcan las consecuencias de beber. Hay extremos, y a veces se falla pero la intención está ahí.

A mí personalmente me da pena que el consumo moderado de bebidas alcohólicas de calidad como el buen vino o las buenas cervezas sea tan caro, lo que entiendo que es una forma de desincentivar que la gente las tome. ¡Será que en España tenemos la suerte de poder acceder a buena bebida a buen precio!

Pascua y cerezas

Poco a poco empieza a parecer que estamos en primavera. La Pascua está a la vuelta de la esquina, con los niños buscando los huevos de chocolate y los conejitos de dibujos animados. No deja de hacerme gracia la cantidad de dulces que se crean (y se consumen) especificamente para las fiestas. Y aunque no comas dulces, es relativamente común que te regalen flores (tulipanes o narcisos son los clásicos), o una tarjeta.

La peor tarjeta de Pascua que he sido capaz de encontrar.

Por cierto, los conejitos reales, no los de Pascua, ya se están empezando a dejar ver, al mismos tiempo que muchos pájaros, que en invierno casi no se veían. Zorzales robín, mockinbirds, y estorninos, y también hay muchos cuervos. Como está lloviendo bastante, aún no se ven tantas flores como el año pasado, pero también empiezan. Atisbar los tonos rosas de las primeras flores de los ciruelos de jardín desde la ventana, se ha convertido en la primera señal del buen tiempo. Se nota también que están volviendo los eventos y la vida más a la normalidad. Sí que hubo desfile de Saint Patrick -el famoso de Manhattan, e incluso uno en nuestra ciudad-, y además hemos recibido una revista llena de actividades locales para todas las edades, junto con festivales varios, que se están volviendo a realizar. La verdad es que esto era un poco lo que esperaba cuando pensábamos mudarnos aquí, antes de la pandemia. Ahora con los contagios remitiendo en todas partes, y llevando más de un mes sin mascarillas obligatorias, parece que vuelven.

Yo estaba esperando el festival japonés de la floración de cerezo, ya que me enteré que hacían uno enfente de nuestra casa (hay un parque con más de 100 cerezos). El año pasado fue impresionante ver las flores y, desde que pude vivir la fiesta real cuando estuve en Tokio, me apetecía muchísimo volver a verlo. Pero parece que no se va a hacer este año tampoco.

Flor de cerezo Kanzan del año pasado.

Así que tendré que esperar un poco más, seguir admirando las flores, e intentar ir a otro de los múltiples eventos de la primavera. ¡Sólo espero que el tiempo acompañe!

Qué hacer cuando te duele la cabeza

Una de las cosas diferente en los EEUU y de la que aún no había hablado aquí, son los medicamentos. No, no voy a hablar de que se llaman diferente; eso debería ser evidente, ya que son marcas comerciales. Hay otras cosas mucho más curiosas.

Para empezar, aquí también existen medicamentos sin receta y con receta. Los que no tienen receta, se conocen como Over-the-counter medicine, que viene a ser como si dijéramos que están «antes del mostrador de la farmacia». Esto es lo mismo que en España: medicamentos para el alivio del dolor, constipados, alergias, heridas no graves,… esas cosas. Lo curioso es que aquí, estas medicinas no sólamente se pueden conseguir en farmacias especializadas, si no que lo más normal es comprarlos en supermercados, tiendas de conveniencia o incluso en gasolineras. Estas tiendas suelen tener una sección de Pharmacy donde los puedes encontrar, y luego pedir también los medicamentos con receta en otro mostrador a parte. Y por si os lo preguntais, sí, las vacunas para la COVID19 también se ponen en estas farmacias de supermercados.

La farmacia de mi supermercado más cercano. Dentro se ve al farmaceútico, y los medicamentos sin receta están justo delante, como un pasillo más del súper.
Ejemplo de medicamentos over-the-counter en el supermercado. Son marcas de ibuprofeno.

También hay que decir que las farmacias aquí (las tiendas que son un comercio en si mismas), son más bien droguerías. Sí, tienen los dos tipos de medicamentos, y cosas normales de farmacia como pañales o productos de higiene, pero también venden muchas otras cosas: papelería, flores, comida preparada, productos de limpieza, etc. De hecho, yo me quedé alucinada cuando descubrí que para hacerse una foto de carnet, lo normal era irse a una farmacia. ¡Una vez incluso devolví un paquete en una!


Otra de las cosas curiosas que pasan aquí, son los anuncios de medicamentos. En España estamos acostumbrados a que cuando llega el invierno, vemos por todas partes anuncios de antigripales y anticatarrales, al igual que con las alergias al llegar la primavera. Aquí, sé que hay publicidad de medicamentos sin receta, pero yo no he visto apenas. Lo que sí que veo, es muchísima publicidad de medicamentos que vienen directamente de las farmaceúticas. Todos estos anuncios tienen el mismo patrón: muestran muchos datos, con imágenes tranquilas y familiares, o con mascotas divertidas, y terminan diciendo «pídele a tu médico que te recete nuestros medicamentos». Además, suelen ser para enfermedades graves como cáncer, diabetes o hepatitis.

Una muestra de diferentes anuncios de fármacos que he captado mientras veía la televisión.

Lo primero que hay que decir es que sólo hay dos países en el mundo que permiten a las farmaceúticas publicitarse directamente al consumidor: Estados Unidos y Nueva Zelanda. Para mí como europea, esto suena totalmente distópico. ¿No tendría que ser mi médico, un profesional formado, quien me aconsejara sobre la medicación? ¿Cómo puedo saber que una medicación es mejor que otra con un anuncio, sobre todo para cosas tan graves? ¿Estarán creando una falsa necesidad? ¿Confundirán a gente con síntomas parecidos? No debo de ser la única con dudas, porque hay mucha polémica con estos anuncios. Sé también que hay médicos que opinan que esta publicidad da información a sus pacientes y que eso hace que tomen decisiones más informadas, como se puede leer en esta encuesta del año 2004 de la FDA (Food and Drug Administration o Administración de Alimentos y Medicamentos). Mucha gente parece opinar que es un poco como buscar en internet tus síntomas antes de ir al médico… es un poco inevitable y hay que tener cabeza.

No deja de parecerme un poco loco todo, pero tengo que ir al supermercado hoy, y ya que estoy, aprovecharé para comprar desodorante, paracetamol y leche, que está todo en pasillos contigüos. Al menos, es muy cómodo.

Lloviendo hielo

Sigue haciendo mucho frío, y pese a todo, el tiempo se empeña en querernos sorprender. La semana pasada tuvimos un fenómeno conocido como lluvia engelante. Se trata, como podemos leer aquí, de nieve que se derrite al caer, conviertiéndose en agua, y luego se congela de nuevo y se convierte en hielo al impactar. Como resultado, todo queda cubierto con una fina capa de hielo, que pareciera como si estuviera mojado, pero realmente está congelado. Es precioso, sí, y tremendamente peligroso, porque es facilísimo resbalarse. Pero es increíble ver todo congelado, lleno de cristalitos de hielo como si fuesen lucecitas, y carámbanos por todas partes. También con este fenómeno el agua se congela, y hemos podido ver lagos enteros e, incluso, partes del río Hudson ¡totalmente congeladas!

En las imágenes se pueden ver carámbanos en las tuberías, en unas ramas en un canal, cuya agua se había congelado, un detalle de una hoja y unas ramitas totalmente congeladas y lluvia congelada en un coche.


Pero no pasa nada por el frío. ¡Tenemos San Valentín a la vuelta de la esquina! ¡Y ya estamos casi preparados!

Los típicos dinosaurios de San Valentín…

No tengo palabras para algunas de las cosas que encontramos aquí… 😂

Un frío muy negativo

Desde que tenemos un dispositivo Echo, todas las mañanas miro el pronóstico del tiempo para el día, aunque esté configurado en grados Fahrenheit (a los cuales me voy acostumbrando). Este es nuestro segundo invierno viviendo aquí, pero ya el año pasado aprendí que si empezaba a ver temperaturas que me parecían normales en Celsius, como 15 o 10 grados, era algo muy malo.

Al igual que el invierno pasado por estas fechas, ya hemos tenido la primera tormenta de nieve del año. La verdad es que estas última semanas habíamos visto como nevaba varios días, pero no llegaba a cuajar más de 3 o 4 centímetros. Pero nos empezaron a llegar avisos para prepararnos para el viernes por la noche: se esperaban entre 20 y 35 centímetros de nieve. Sí, era mucho. Pero no parecía ser lo peor, porque el problema era que iba a haber tormenta, y el viento podía ser muy peligroso. Aparte de bajar las temperaturas, por supuesto. Así que el viernes estuvo todo el día nevando. Desde por la mañana, que nevaba poco pero continuamente y sin cuajar, hasta última hora de la tarde, que empezó a acumularse. Las temperaturas cayeron en picado, y el sábado por la mañana nos levantamos hasta arriba de nieve y con -9ºC y una sensación térmica de -30ºC. ¡Y seguía nevando!

El sábado fue un día bastante perdido. Había demasiada nieve, hacía un viento helador que lanzaba los copos violentamente en todas direcciones, y las máquinas quitanieve municipales no daban de sí. Las veíamos pasar, una y otra vez, y no había manera. Mucha gente no pudo ir al trabajo, por no poder sacar el coche. De hecho, presenciamos como un todoterreno 4×4, de la marca RAM, era incapaz de subir una cuesta. No sé si todo el mundo conoce este tipo de coches, pero sólo diré que el capó me llega a mí al hombro. ¡Y que es un todoterreno!

Alrededores de nuestra casa. ¡La acera y la carretera casi ni se distinguen!

Y pese a todo, mi sensación era de que… no era para tanto. ¿Hacía mucho frío? Bueno, pues habría que sacar las botas y abrigarse. ¿Había mucha nieve? Habría que ir con cuidado y no sacar el coche hasta que limpiasen las carreteras. Además, como llevaban días avisando, teníamos la nevera llena. ¡Y podíamos aprovechar para sacar fotos!

Detalle de la nieve atrapada dentro de unas hojas de arce japonés.

Debe de ser que ya me voy acostumbrando al tiempo de aquí, pero la verdad es que ni me siento intimidada por la tormenta ni me siento extrañada por el frío. Me hace gracia contar a la gente que hemos tenido -20ºC o -30ºC, pero lo que me es más… incómodo, más que otra cosa, es que se me resequen los labios y las manos por el frío. Y los odiosos, odiosos calambres, claro.

Por lo demás, estoy casi, casi aclimatada. ¡A ver si sigo así!

Navidades en tiempos de Omicron

¡Feliz año nuevo! Qué barbaridad, ¡cuánto tiempo sin escribir! Tengo que decir que han sido unos meses muy alocados. La causa principal de estrés, fue que ¡conseguimos ir a España a pasar las vacaciones de Navidad!

Las fronteras, que cerraron el día 12 de marzo de 2020, se reabrieron el 8 de noviembre de 2021, tras 20 meses cerradas. Los expatriados llevábabamos meses sin poder ver a nuestras familias, pese a estar vacunados, pese a que nuestros países estaban en mejores situaciones epidemiológicas que Estados Unidos. Pero finalmente, se empezaron a oír rumores fuertes en redes sociales, y se anunció la apertura el pasado septiembre.

Con mucha alegría, reservamos los billetes para volver a España, y aprovechando, nos decidimos quedar todas las Navidades. Nos leímos la información sobre lo que necesitábamos para entrar, y cogimos cita para el refuerzo de la vacuna, por si acaso.


Y entonces, como si del malo de un videojuego se tratase, apareció Omicron. Hay que decir que, hasta entonces, la sensación que se respiraba por aquí era de prácticamente normalidad. No había que llevar mascarilla en exteriores ni en la mayor parte de los interiores, pese a que eso quedaba a discrección del comercio. En algunos lugares pedían el pasaporte de vacunación (el estado de New York tiene uno propio), pero como norma general, todo estaba muy tranquilo.

Cuando se descubrió Omicron, el estado de New York declaró preventivamente el estado de alarma, aunque aún no se habían detectado casos. Curiosamente, los primeros síntomas se detectaron en un viajero que vino a una convención de manga y anime, la Anime NYC 2021, a la que varios de nuestros amigos atendieron con sus hijos (ninguno cogió nada). Y poco a poco, Omicron fue tomando Manhattan. Pero como al principio fue lento, y la ciudad estaba en Navidad, la gente se echó a la calle deseosa de luces, compras, fotos para Instagram, y algo de normalidad. Nosotros bajamos un par de veces en diciembre y una noche, había tanta gente junto al famoso árbol de Navidad del Rockefeller Center, que nos quedamos atascados en la multitud. Y no todo el mundo llevaba mascarilla en aquel momento. Para mí, que he podido experimentar el Manhattan casi vacío de pandemia, fue algo impactante y agobiante. Hacía mucho tiempo que no tenía a tanta gente a mi alrededor.

Multitud en el Rockefeller Center la primera semana de diciembre de 2021. Aunque no se aprecia toda la gente que había, se puede ver que no todos llevan mascarilla.

Con todo esto, empezaron las primeras alertas de posibles contactos con positivos. La primera que tuvimos nosotros, fue nada más encender el móvil al aterrizar en España. Y a partir de ahí, fue un no parar. Muchísima gente conocida cogió Omicron cuando estábamos en España. En olas anteriores, yo conocía a una o dos personas afectadas. Pero esta vez, era una exageración: familia y amigos, niños y mayores, gente aislada y gente que salía mucho. Nosotros nos hacíamos tests de antígenos cuando veíamos algún problema (que encima se agotaban enseguida en las farmacias), pero nos sentíamos constatemente como si estuviésemos esquivando balas. El miedo generalizado al contagio nos empezó a permear y, cuando antes habíamos ido por la calle sin mascarilla, en España ni se nos ocurría. Todo el mundo llevaba, además. Y cuando aquí no habíamos tenido problemas con entrar en todos lados y estar con otras personas, aquí reducíamos los encuentros lo máximo posible e intentábamos estar en terrazas siempre. No éramos los únicos: muchos amigos en España no habían dejado esas precauciones en toda la pandemia. Y eso que se notaban las vacunas: síntomas mucho más leves que antes, y los que conocíamos se recuperaban mucho más rápido. Pero ahí estaba ese miedo. Y que en nuestro caso, también estaba fomentado por el hecho de tener que coger un avión de vuelta con un test limpio…

Finalmente, tuvimos la suerte que no nos contagiamos y pudimos volver a casa sin mayores problemas. ¿Sería porque teníamos el refuerzo reciente? ¿Sería que tuvimos suerte o que nos cuidamos muy bien? No lo sé, supongo que ya nos tocará, pero no esta vez.

Me quedé, sin embargo, pensando en que es curioso el contraste que vimos. ¿No se debería tener menos miedo en un país donde el índice de vacunados es tan alto? Quizás sí, pero el respeto al virus que vimos en España era muchísimo mayor que aquí. Como datos, decir que ahora mismo, el porcentaje de vacunación de EEUU es del 63,3%, y el de New York es del 73,5% (el séptimo más vacunado). Y España tiene un alucinante 90,6%.

Al volver a los Estados Unidos, ya hemos visto que se ha reinstaurado el uso de mascarillas obligatorio en interiores, y que más gente la lleva por la calle. Es más, por fin ha empezado aquí el debate sobre qué mascarilla es mejor, que se dio en España al principio, ya que aquí sólo es obligatorio cubrir la nariz y la boca con tela, y mucha gente usa pañuelos o bragas. Y es que en los últimos 15 días se han registrado casi 11 millones de casos nuevos. En España, en toda la pandemia, no se ha llegado a los 9 millones.

Y con todo, aquí se sigue notando menos miedo. ¿Por qué será?

Lo que llega con el invierno

Los días son ahora muchos más cortos. Con el cambio de hora, empieza a anochecer sobre las 4 de la tarde, y ya empieza a notarse el frío, sobre todo por las noches. Atrás queda ya Halloween (que por cierto, me he dado cuenta que he empezado a pronunciarlo Hal-o-WIIN), pero ya casi estamos en Acción de Gracias y luego enseguida Navidad. Aún nos queda hasta llegar a las temperaturas más frías, pero ya hay que sacar los abrigos y poner algunos días la calefacción. Y con el frío, empieza el fenómeno que, para mí, es lo que verdaderamente define el invierno aquí: los calambres.

No es algo que la gente suela comentar cuando habla del invierno en Nueva York, pero es innegable. La calefacción y los calentadores, secan el ambiente, y esto combinado con el frío exterior hace que haya muchísima carga de electricidad estática. ¿Y esto que supone? Pegarse calambrazos terribles todo el tiempo. Pomos de puertas, interruptores de la luz, manijas de coches, estanterías del supermercado, darle la mano a alguien para saludarle… ¡A veces las chispas son tan grandes que las puedes ver! Para mí, ¡fue una impresión! Por cierto, en inglés se llaman electric shocks. ¡Muy apropiado!

¿Qué más afecta a que haya más calambres? Las prendas de lana (ahora, que es cuando se usan), las secadoras de ropa (hay que usar toallitas especiales) y, sobre todo, las moquetas. Odiosas moquetas. En casa tenemos moqueta en las habitaciones, algo que es por desgracia muy común aquí, y es nuestra perdición. Tenemos que descargarnos en objetos metálicos cada cierto tiempo, porque los calambres pueden ser tremendos. Más de una y más de dos veces, me he levantado a por algo y al volver me ha pegado un calambrazo el teclado del ordenador. Calambrazo y susto, que encima te dejan frita y perjurando. 😭

Métodos para prevenir la estática en la ropa, toallitas y pelotas de lana para la secadora.

Este año todavía no ha empezado fuerte, pero vamos a ver si nos compramos un humidificador para controlar la humedad del ambiente y así intentar mantener a raya el horror de los calambres. ¡Esperemos que funcione! 🤞

Naturaleza salvaje

Halloween está a la vuelta de la esquina, y el tiempo empieza a refrescar bastante. Así que las ganas de hacer actividades al aire libre son ahora muy altas, porque sabemos que dentro de poco va a hacer demasiado frío. Además, los árboles están preciosos y todo esto está lleno de senderos para andar y hay animales por doquier. Pero este hecho, que es muy atrayente, puede también ser directamente peligroso. Es por ello que os quería enseñar fotos de algunos carteles de advertencias de animales salvajes que hemos encontrado en nuestros viajes por Estados Unidos. Estos carteles se encuentran normalmente en zonas públicas y dan información y precauciones a tomar con los animales que puedes encontrarte cerca. Como norma general, es importante no dar de comer a ningún animal salvaje y procurar dejarles espacio. Esto es verdad para todos, desde ardillas hasta ciervos, que parecen inofensivos, pero igual no lo son tanto. Sobre todo porque muchos transportan garrapatas… Normalmente no pasa nada, pero hay que ir con cuidado. Porque la naturaleza es maravillosa, pero también hay que respetarla.

Osos

Cartel encontrado cerca de Chapel Pond, en Keene Valley, NY.

Los osos no son ninguna broma, y en el norte no es tan difícil encontrárselos. En una carretera preciosa, paramos para ver las vistas y nos encontramos este cartel, cerca del comienzo de una ruta de senderismo. En él podemos leer, malamente, lo siguiente:

¡Atención! Actividad alta de osos negros

GUARDE la comida, la basura, la comida de animales o los artículos de aseo en su vehículo o en un contenedor a prueba de osos.

NUNCA deje comida, neveras o mochilas desatendidas.

NO coma en el mismo sitio en el que duerma.

NUNCA dé comida a un oso.

Si el oso se aproxima, HAGA RUIDO y RETROCEDA DESPACIO, NO CORRA.

La última línea no es muy legible, pero entiendo que pide que se reporten los encuentros con osos al DEC (Department of Environmental Conservation o Departamento de Conservación Medioambiental).


Coyotes

Cartel encontrado en el parque estatal Brenton Point, en Newport, RI.

Los coyotes pueden llegar a ser bastante peligrosos, pero también pueden resultar simpáticos porque parecen perros, un poco como le pasa a los zorros, o a los coydogs (el híbrido de perro y coyote).

Este cartel nos lo encontramos visitando Nueva Inglaterra, no muy lejos de Newport, que es una ciudad muy turística en verano. Este punto, cerca de una zona de picnic al lado de un parque, era también el comienzo de un parque nacional. Podemos leer:

Aquí viven coyotes

Alimentarlos va en contra de la ley.

Por favor, quite o elimine cualquier desperdicio comestible, incluyendo comida de picnics, fruta y otros snacks, y cualquier cebo o restos de limpiar pescado.

Los restos de comida aumentan el tránsito de coyotes y las oportunidades de que interactúen con personas y mascotas. También atraen a otros animales carroñeros como mapaches o mofetas.

¡Ayúdenos a mantener la vida salvaje, salvaje!


Tiburones

Cartel encontrado en la playa Lighthouse, en Chatham, Cape Cod, MA.

¿Puede haber algo más terrorífico que llegar a una playa para bañarte y encontrarte este cartel en la entrada? Desde luego, a mí me impactó. En el cartel se lee:

PELIGRO

Grandes tiburones blancos cazan focas en las aguas poco profundas de esta playa. A lo largo de esta costa, los tiburones blancos han matado y herido de gravedad a varias personas

Conozca el riesgo cuando se meta dentro del agua.

Descarge la aplicación Sharktivity para recibir alertas y comunicar avistamientos.

A mí lo de la aplicación me alucina, pero la verdad es que es útil…

¡Por cierto! Dato «divertido»: ¡A muy poca distancia de esta playa se grabó la película de Tiburón (Jaws)! 🤭


Focas

Cartel encontrado en el parque nacional Breezy Point Tip, en New York.

Parece como que las focas fueran solamente de climas polares, pero aquí también hay. Son relativamente frecuentes en la costa, sobre todo en playas apartadas de los turistas, playas privadas (las cuales hay muchísimas más de lo que parece) o playas protegidas.

Este cartel lo encontramos en una playa de un parque nacional, pero muy cerca de la ciudad: justo debajo de Brooklyn, y con vistas de Manhattan de lejos. Podemos leer lo siguiente:

Es normal ver focas o cachorros de focas solos en la playa. Este comportamiento es conocido como arrastre o descanso.

Permanezca a 150 pies de las focas (la longitud de tres autobuses escolares).

No acose, toque, alimente, dañe o moleste a las focas.

El acoso sucede cuando nuestro comportamiento cambia su comportamiento.

Mantenga a las mascotas con correa.

Limite el tiempo que está con los animales a menos de 30 minutos.

Recuerde que las focas son animales salvajes que pueden morder y transmitir enfermedades.

Si una foca aparece herida o enferma, llame al teléfono 24 horas de New York Stranding Hotline.


Garrapatas

Cartel encontrado en el Saratoga Spa State Park, en Saratoga Springs, NY

Las garrrapatas puede que sea el animal más peligroso que haya por aquí. Y el motivo es lo sencillo que es que te pique una y que sus picaduras pueden tener consecuencias graves si no se tratan, como la enfermedad de Lyme. Por eso, es bastante normal que haya carteles advirtiendo de ellas en cada parque, y no es difícil comprar repelente para ellas en cualquier supermercado. Es más, es muy recomendado, sobre todo en verano.

Hay que decir también que los ciervos son uno de los principales vectores de transmisión de garrapatas. ¡Así que ni se os ocurra tocarlos!

Este cartel es una captura de pantalla de una excusión que hicimos por una ruta en el parque estatal de Saratoga Springs, al norte de Albany. En el cartel pone lo siguiente:

PELIGRO

Las garrapatas en este área PUEDEN causar.

ENFERMEDAD DE LYME y otras enfermedades transmitidas por garrapatas.

Para evitar mordeduras de garrapatas:

  • Considere usar repelentes de insectos; siga las instrucciones de la etiqueta.
  • Camine por el centro de los senderos, evitando la hierba alta y los arbustos de los bordes del camino.
  • Busque diariamente garrapatas en usted, sus hijos y sus mascotas.
  • Extraiga cuidadosamente las garrapatas que estén adheridas. Unas pinzas de punta fina es el método que mejor funciona.
  • Dúchese justo después de estar al aire libre.

Poca broma las garrapatas, vamos siempre con cuidado. Porque además, ya conocemos a alguna persona a quien le han mordido 😥.


¡Espero que os haya parecido curioso! Y que hayais aprendido sobre los encuentros con la vida salvaje de aquí. Hay muchos más animales, y muchos más carteles curiosos, intentaré ir recopilando más de ellos. ¡Para que no digáis que no os he advertido!

Comida o Snacks

Hace poco empecé a ver que volvía a haber excasez de algunos productos básicos. Empezó con algunos productos lácteos, y luego comenzó a verse poco papel higiénico de nuevo, como pasó al principio de la pandemia. Así que busqué información sobre ello, y vi que efectivamente había problemas de suministros en varias partes de Estados Unidos. Los artículos que leí, señalaban como causa principal la escasez de trabajadores (de la que probablemente hable en otra entrada), que afecta tanto a la cadena de suministros como a la distribución. Y también nombraban qué era lo que más faltaba: papel higiénico, nata, latas de conservas y de bebidas, y… ¿Lunchables?. ¿Qué son los Lunchables? Los artículos hablaban de padres preocupados que no podían encontrárlos por ninguna parte…

Así descubrí que Lunchables es una marca que comercializa comida en cajitas de plástico, preparadas para que los niños se lleven al cole. Hay varias marcas más de este tipo, creadas con la idea de ahorrar tiempo y dinero del comedor a los padres, que pueden mandar a su hijo con eso en la mochila para comer. El problema, es el contenido de esa cajita. Las hay de varios tipos, pero normalmente son crackers de pan, un par de rodajas de queso, otro par de fiambre, una barrita de chocolate y a veces hasta una bebida. Estas cajitas han sido ampliamente criticada por contener grandes cantidades de sodio y grasas en una sola ración, y por tener un muy bajo contenido nutricional. Desde finales de los años 90 se llevan denunciando, y algunas marcas han sustituído y mejorado sus packs para hacerlos más sanos. Pero aún así… ¿los padres están en serio deseosos de dar esto de comer a sus hijos?

Cajitas de snacks para el cole, recién repuestas.

Todo esto me llevó a reflexionar un poco sobre varias cosas que ya había visto con la relación de los americanos con la comida. Por supuesto, no se puede generalizar, pero se ven patrones que parecen comunes, así que voy a intentar aportar también algunos datos. Y el caso es que me gustaría hablar de algo que para mí es claro: a los americanos les encantan los snacks. Entendemos como snacks raciones pequeñas de comida que se pueden transportar fácilmente, para que partamos de la misma base, es decir, patatas fritas, chocolatinas, palomitas, frutos secos, galletas, barritas, etc.

Una empresa americana, Go Raw, hizo el pasado junio una encuesta a 2000 americanos sobre sus hábitos alimenticios. Descubrieron que 7 de cada 10 llevaban siempre encima algún tipo de snack, y que el 51% de ellos sustituía una comida real por snacks al menos 3 veces a la semana. Los snacks son convenientes, pero me da la sensación que mucha gente los usa demasiado, y se me hace raro pensar en sustituír una comida sólo por ellos… Y sí que es verdad que quí hay mucha gente que come cada poco tiempo, parece algo muy normal. Recuerdo que una vez fuimos a un museo al aire libre con unos amigos de aquí, y me sorprendió que para una visita de dos o tres horas, llevaran barritas energéticas, pistachos y manzanas.

Hay que decir también que muchos americanos no están acostumbrados a cocinar ni a las comidas caseras más allá de las festividades familiares. Empezando con el colegio, los amigos que tienen hijos aquí nos comentan que los menús de los comedores son poco variados y, aunque incluyen opciones vegetarianas, los platos suelen ser pizza, pasta, hamburguesa y tacos. (Podéis ver aquí varios menús de las escuelas públicas de NY). Así conocimos el otro día a un par de chavales de 12 años que únicamente les gustaba la pizza de queso, los tenders de pollo y, a uno, el sushi… Y aunque existen clases de cocina en el colegio, los hijos de nuestros amigos cuentan que en ellas les enseñan a usar el microondas para hacer palomitas y cosas así.

Si sumamos todo esto a una cultura donde se trabaja muchísimo y no hay tiempo de sobra, el resultado es que hay mucha gente que no suelen cocinar en el día a día de forma habitual. Aunque hay muchos que les gusta cocinar, lo normal es hacerlo el fin de semana cuando hay tiempo (el ejemplo perfecto son las barbacoas). Pero tampoco es normal salir a comer a restaurantes a diario, porque es algo muy caro. Hay dos soluciones alternativas a esto: la comida preparada, que venden en supermercados, tiendas de conveniencia y hasta gasolineras, y la comida congelada. Y la comida rápida, por supuesto. Estos tipos de comida no son malos de por sí, pero muchas de ella tiene altos contenidos en sodio y grasas trans, con lo que no siempre son realmente sanas. Se puede leer sobre el sodio en la web de la CDC. Pero es verdad que esta comida (sobre todo la congelada y la rápida) es mucho más barata, con lo que, irónicamente, se puede encontrar a mucha gente que no se puede permitir comida fresca o más sana. O que no saben ni por donde empezar. Así, encontramos que existe una relación entre obesidad y pobreza, algo que me sorprendió muchísimo cuando llegué aquí.

Con la pandemia, la gente empezó a cocinar mucho más en casa, eso sí, lo que ayudó un poco a crear ese hábito y a intentar ser más sanos. Aunque lo que más se comprara fueran conservas y congelados, porque eran productos que duraban más en tiempos de escasez, también se cocinó y se notó el interés en la nutrición. Además, en las redes sociales volaban las recetas y los trucos, todo el mundo compraba freidoras de aire y se disparó la venta de robots de cocina como las Instant Pots. Y se pudo aprovechar la oferta de productos alimentarios que hay, que es enorme por suerte.

Pero con la pandemia, también se disparó el consumo de snacks. Principalmente porque son sencillos y calmaban la ansiedad de los confinamientos. Se dice que ahora se está tendiendo a buscar snacks más sanos, como en este artículo de Forbes, pero también es cierto que han subido las ventas en general, como se ve en este artículo de CNBC.

Maravilloso ejemplo de snacks sanos que encontré hace poco: mini pepinos dulces sin semillas. ¡Y el nombre es genial!

Lo que parece que está claro es que, pese a todo, no nos van a faltar los snacks.

Pumpkin Spice Fever

Celebrando que las hojas empiezan a cambiar de color por aquí, quería hablar un poco de algo que aquí representa por completo el otoño: el pumpkin pie spice. Es muy probable que muchos de vosotros hayais oído hablar de él, pero para los que no, decir que el pumpkin spice (para acortarlo, se suele omitir el «pie») es una mezcla de especias que se añade tradicionalmente al pastel de calabaza. Normalmente contiene canela, clavo, jengibre y nuez moscada, y a veces se le añade pimienta de Jamaica (allspice), cardamomo o vainilla. Cuando llega aquí el otoño, empieza la locura del pumpkin spice y, a parte de los típiquísimos pasteles de calabaza o manzana, aparecen docenas de productos de edición limitada con este sabor. Y no sólo es sorprendente la cantidad de cosas que hay, si no también el entusiasmo con el que son recibidas por la gente, agotándose incluso algunas de las favoritas.

Aquí os traigo algunas de las cosas con pumpkin spice que he encontrado este año:

Empezando por arriba, almendras con chocolate, pastelitos, galletas y nata de origen vegetal (aquí es bastante normal echárselas en el café y vienen en multitud de sabores); todo con nuestro sabor favorito.
Empezando por arriba, té negro, malvaviscos (o nubes), pan de molde, cereales de desayuno y caramelos. Casi nada.

Tengo que apuntar que hay otros sabores otoñales típicos de los que aún no he hablado, como son el sirope de arce o las nueces pecanas, que junto con las manzanas, las batatas y las calabazas de todo tipo, reinan por todas partes. Todo esto también se mezcla con el pumpkin spice o alguna de sus especias, y lo cierto es que se crea una mezcla de sabores realmente característica: dulce y salada, con un toque ligeramente picante que viene de la canela y el jengibre. Como se usa de forma tan tradicional además, la gente enseguida relaciona este tipo de sabores con las fiestas familiares de Acción de Gracias y con la comida casera. De hecho, en muchas partes se representa Thanksgiving con un trozo de pastel de calabaza, para que os hagais una idea.

Yo también me animo a hacer mis propios pasteles de calabaza usando los ingredientes clásicos.

Esto ayuda a formar la idea de lo que aquí se llama Comfort Food, que es la comida que te produce nostalgia o tiene algún tipo de valor sentimental. Por eso tiene tanto tirón aquí y le gusta tanto a la gente. Al fin y al cabo, es como la comida que todos echamos de menos cuando nos hacemos mayores y nos vamos de casa. 😊

Así que si venís alguna vez por New York en otoño, quizás podáis probar alguna de estas comidas, idealmente con pumpkin spice. Y además, ¡muchas de ellas están buenísimas! 🤤

Otoño, calabazas y manzanas

El tiempo ya comienza a refrescar ligeramente (quizás demasiado ligero), y por aquí ya comienza a olerse el otoño. Aún es figuradamente, porque aquí el otoño huele a pumpkin spice, pero ya queda poco. 😂

Al mismo tiempo que las primeras hojas empiezan a amarillear y caerse (por supuesto, las lluvias e inundaciones del huracán Ida no han ayudado a los árboles…), empieza la vuelta a las aulas y para mí eso siempre ha ido asociado al cambio. Además, empiezan las frutas y verduras estacionales: manzanas, batatas y calabazas, sobre todo. Hay que decir que en español la palabra calabaza es genérica. En América, hay muchas variedades que traducimos como «calabaza», y para las que no tenemos nombre. En inglés, encontramos principalmente tres palabras para calabaza, que significan diferentes cosas según la variedad: pumpkin, squash, y gourd. La naranja típica de Halloween, es pumpkin, las blandas suelen ser squashes, y las duras, gourds, para entendernos. En esta época, empiezan a verse los denominados winter squashes o calabazas de invierno, como el butternut squash o el acorn squash, que están deliciosos. Otro ejemplo, al calabacín (a nuestra variedad, aquí la llaman zucchini, pero hay más variedades que se llaman genéricamente squashes), se le considera calabaza de verano.

Empezando por arriba, acorn squash (verde oscuro y pequeñas), butternut squash (anaranjadas y alargadas, con la base redonda), spaghetti squash (amarillas y cilíndricas) y kabocha squash (verdes y redondas, apenas se ven). La foto de abajo son pumpkins naranjas y blancas.

Por otro lado, las manzanas son bastante importantes por aquí. Está el famoso American Pie, claro, pero es que he oído incluso bromas acerca de cómo a la gente de New York y New England le encanta ir a recoger manzanas en otoño. Por supuesto, esto es una actividad por la que hay que pagar: las granjas locales tienen terrenos donde la gente paga para ir y cogerlas del árbol, y además venden sus productos como sidra, compota, o tartas. La verdad es que, pese a que sé que es un poco paripé, me llama la atención ir a una de estas granjas, (¡y más después de probar los zumos artesanales y los donuts de sidra, que son una maravilla!) así que intentaré ir este año. Me hace gracia ver que aquí las manzanas se prefieren muy dulces. Como dato, deciros que en el supermercado se suelen vender botes de caramelo junto a las manzanas (un poco a lo de la nata y las fresas que hacemos en España…).

Manzanas procedentes de granja. Y caramelo para mojarlas, por supuesto.

Hace poco, me explicaron la diferencia entre apple juice, apple cider y cider, ya que yo creía que las dos últimas eran lo mismo:

  • Apple juice es zumo de manzana filtrado y pasteurizado, del que encuentras en el supermercado. Suele ser dulce.
  • Apple Cider es un zumo de manzana sin filtrar (por lo que a veces tiene algo de pulpa) y no pasteurizado. Suele hacerse de forma artesanal y es más ácido.
  • Cider es zumo de manzana fermentado, es decir, con alcohol. También se le llama a veces hard cider para distinguirlas.

Lo escribo aquí también para acordarme… 😅

Por otro lado, también se empiezan a ver también las primeras decoraciones. Lo primero que empezamos a ver fueron cosas de lo que llaman Harvest season, que es la «Época de la cosecha» o directamente Fall, «otoño». Todo es muy campestre y con colores otoñales y suaves, hojas y frutas (sobre todo la calabaza). Esto enlaza directamente con Thanksgiving o «Acción de gracias», en el cuál se añaden a estos temas los pavos y las palabras de gratitud (por lo de «Thanks»). Y después, empieza ya Halloween, con todas las cosas de terror para niños (que son más monas que terroríficas) y las montañas de chocolate. Así que, en este momento del año, conviven más o menos al mismo tiempo, las tres decoraciones.

Lo que está entre el verano y Acción de gracias: decoración de otoño.

Parece que este año, además, han vuelto los eventos y vamos a tener Festival y desfile de Halloween, Desfile de Navidad, Mercadillo y muchas más cosas. El año pasado llegamos un poco tarde (y despistados) a Halloween y a las otras fiestas, así que a ver si este año se nos da un poco mejor y ¡podemos hacer algo divertido! Si la COVID lo permite, claro…