Nuevas marcas

Cuando te cambias de país, hay muchas cosas que tienes que cambiar. Entre ellas, las marcas que estás acostumbrada a comprar. Es verdad que algunas siguen estando ahí, pero ¿cómo elegir de entre toda la oferta de detergentes si no te suena la marca de ninguno y hay estanterías llenas de ellos? Yo tengo varios métodos.

Método de buscar marcas similares a las conocidas.

Hay veces que las marcas cambian su nombre en los diferentes países, pero en el fondo son el mismo producto. Muchas veces las puedes reconocer por las cajas o por el logotipo, que son muy parecidos. Fácil es el caso de Don Limpio, que es exactamente igual pero aquí se llama Mr. Clean (¡No se llama Mr. Proper!). Otro ejemplo es el caso de las compresas Ausonia, que aquí se llaman Always. Nada que ver el nombre o la apariencia, pero son lo mismo.

Método de ensayo y error.

Está claro: hay que probar. Y muchas veces se acertará enseguida, como cuando elegimos nuestras sábanas y toallas. Las compramos rápido porque las necesitábamos con urgencia, y son de una calidad estupenda. Pero, por ejemplo, con el gel de ducha tuvimos que probar unos cuantos para encontrar uno que nos gustase a ambos. Que por cierto, se llama Softsoap y se inventó en New York. Con la comida, siempre es más fácil (y divertido) probar, y siguiendo este patrón, creo que habremos probado una veintena de cafés de cápsulas distintos…

Método de las reviews.

Hay veces que el ensayo y error no funcionan. Eso fue lo que nos pasaba con el papel higiénico. Comprábamos los paquetes más pequeños para probar, pero no había ninguno que nos convenciera, y nos sentíamos que estábamos perdiendo el tiempo. Así que usamos internet para buscar reviews y rankings de los mejores papeles higiénicos. Sí, existen. Hay rankings para todo: papeles higiénicos, pizzas congeladas, colchones, cafeteras, limpiadores, salsas… Nos funcionó y ahora estamos muy contentos.

Método del antojo.

Y sí, a veces una símplemente compra porque ve algo y… tiene que comprarlo.

Por si cabía alguna duda, lo he comprado única y exclusivamente por el leñador. Y por su mandíbula.

¡Y lo mejor es que absorbe genial! 😍

De política y chocolate

Está claro que vivimos en una época muy convulsa en todo el mundo. No hablamos del Coronavirus únicamente, si no también de la situación política e incluso de lo extraño del tiempo, que ha hecho que nevara en España como no lo había hecho en 50 años, empequeñeciendo nuestra primera gran nevada de aquí.

Pero la política está siendo la gran protagonista de los últimos días, desde que el pasado 6 de enero un grupo de personas asaltara el interior del Capitolio para intentar parar el conteo de los votos para ratificar a Joe Biden como presidente electo. En cuanto nos enteramos, pusimos las noticias y seguimos lo que estaba pasando, alucinando. La verdad es que, sin entrar en consideraciones partidistas, me pareció que lo que estaba pasando era tremendamente diferente a si eso mismo hubiese ocurrido en Europa. Me sorprendían los comentaristas de las noticias y los congresistas, me sorprendían los asaltantes y me sorprendían las fuerzas del orden. Veo que hay cosas que cosas que a mí me parecen normales o fuera de lo normal, que a ellos, simplemente, no se lo parecen.

Me doy cuenta que, cuanto más tiempo llevo viviendo aquí, menos legitimada me siento para juzgar este país y a su gente. Puedo ver que tenemos mentalidades distintas, que nuestro bagaje cultural, social, político y religioso no tienen nada que ver y, por eso, es muy difícil comparar. Estoy adaptándome, así que espero poco a poco ir comprendiendo toda esta nueva cultura. Y lo veo porque estoy siendo más prudente a la hora de usar palabras como «normal» o «raro», o expresiones como «eso lo sabe todo el mundo».


Y mientras tanto, la vida sigue, y aquí en NY ya se puede ver cómo tiendas y supermercados se preparan para la siguiente celebración del año: San Valentín. Si en España esta fiesta ya me parecía comercial, aquí es algo que sólo definiré diciendo: chocolates de mil y una marcas, con cajas rosas especialmente diseñadas, hasta donde alcanza la vista. Qué bien se lo montan las marcas aquí: en Halloween, chocolatinas en forma de calabazas y packaging naranja; en Navidad, chocolatinas en forma de muñecos de nieve y packaging verde y rojo; en San Valentín, chocolatinas en forma de corazones y packaging rosa… ¡Espero que el 4 de julio haya chocolatinas en forma de fuegos artificiales!

Chocolates en el supermercado. Un fragmento de uno de los cinco pasillos dedicados al Valentine’s Day.

Aparte de la locura del chocolate, por supuesto, hay docenas de tarjetas, peluches, complementos y cualquier cosa que se os ocurra tuneada con corazones para la ocasión. ¿Calcetines? ¿Gomas de borrar de unicornios? ¿Sartenes con forma de corazón? ¿Laca de uñas rosa? ¿Dinosaurios comestibles de gelatina? ¿Galletas para perros? .

Para mí lo más raro, es el hecho de que metan a los niños en la celebración, que la conviertan en algo familiar. No sé exactamente cómo celebran aquí San Valentín, pero he leído que es una celebración tanto del amor como de la amistad. He visto que se anima a los niños a que se hagan su propio buzón para tarjetas, que hacen manualidades y también he visto que se pueden hacer regalitos como lápices o pegatinas… Es tremendo.

Por supuesto, Salva y yo nos compramos nuestras cajas de chocolates de Darth Vader, cada uno la nuestra.

Carpetas de gomas

Hay una tienda a la que me gusta ir cuando tengo que comprar cosas de índole general. Tiene una buena sección de papelería y he pasado varias ocasiones viendo las variedades de bolígrafos, rotuladores y diferentes papeles. Lo que no conseguía entender era por qué no tenían simples carpetas de gomas. Y resulta que el tema tiene más miga de lo que pensaba.

Lo primero que hice fue mirar en varias tiendas online a ver si las tenían en stock. Cuando miré en una tienda especializada en papelería y manualidades, y vi que no tenían tampoco, la cosa empezó a extrañarme. Así que revisé si era un problema de la traducción al inglés que estaba usando de la palabra. Efectivamente: folder no parecía referirse a todo tipo de carpetas, si no a aquellas hechas sólo de cartón y sin cierre. Como a las carpetas que salen en los iconos de los ordenadores, vamos; lo tenía que haber sospechado. Así que probé todo tipo de sinónimos, busqué tipos de carpetas por internet y no había manera de encontrarlas. File folder, Tab Folder, Fastener folder, File jacket, 2-Pocket Folder, Portfolio… ninguna cuadraba. No fue sin esfuerzo, que finalmente descubrí el nombre que necesitaba: 3-Flap Folder. ¡Fantástico! Pero no las tenían en ninguna tienda…

Mientras tanto, íbamos acumulando papeles y papeles, y yo no sabía muy bien cómo los iba a almacenar. ¿Acabaría encargando las carpetas online, como la escoba? Y otra pregunta que me hacía, ¿cómo organizaban los americanos sus papeles? Todo me parecía demasiado incómodo. Había comprado ya una carpeta con dos bolsillos (pocket folder) y no cabían muchos papeles ni me solucionaba demasiado.

Hoy necesitaba ir a comprar sobres y clips, y fui a la tienda que me gusta porque sabía que tenían. Y me pasé de nuevo por la parte donde tenían todos los folders y los contemplé un buen rato. Entonces, se me ocurrió coger uno de ellos, que tenía dos bolsillos, y pensé: «Aquí no cabe nada». Pero entonces, vi que tenía unos agujeros perforados. Y entonces me di cuenta. «¡Claro! ¡Los agujeros son para poner varios de estos en una carpeta grande con anillas!»

Solucionado el misterio, compré la carpeta de anillas y cuatro pocket folders, y ahora tengo todos mis documentos bien organizados. Ya encargaré carpetas de gomas si las necesito, pero por ahora, todo está bien.

El problema de las escobas

Revisando los artículos que estaban rebajados por el Black Friday, he hecho un gran descubrimiento, casi oculto entre productos tecnológicos: uno de los artículos que se han agotado más rápidamente, con unas puntuaciones altísimas y miles de reviewses una escoba con un recogedor largo.

¡Y no me extraña en absoluto!

Cuando llegamos al país, una de nuestras primeras compras fue para comprar productos de limpieza. Nos habían avisado que las fregonas como en España, eran una cosa rara de encontrar. Pero encontramos una muy apañada que estaba de oferta especial y nos sentimos muy contentos. El problema llegó a la hora de comprar una simple escoba. Había de varias formas y tamaños, pero todas, sin excepción, venían con un recogedor pequeño. Hace ya muchos años que juré que no me volvería a dejar los riñones con ellos, pero era imposible encontrar un recogedor alto en ninguna de las tiendas que visitamos. Así que lo encargamos por internet. Y lo más gracioso era leer las reviews americanas, gente maravillada con la simplicidad e innovación de ese aparato. ¡Magia pura!

¿Será que en España estamos a la vanguardia de la limpieza? 😂

Sólo sé que no me extrañan las reviews en absoluto.

Veinte semanas

Pese a que aquí la situación es muy similar a la de España, la COVID19 nos genera problemas inesperados. El primero de ellos, que es quizás uno de los más relevantes, es que hace complicada la socialización. La gente sale menos y tiene menos ganas de hacerlo. Además, las mascarillas muchas veces hacen que sea difícil entenderse, y más cuando aún no tengo el oído hecho al acento neoyorkino ni tengo cogida la pronunciación.

Hace unos días en el supermercado, un hombre me preguntó algo en la cola para pagar y yo fui incapaz de entenderle. Me lo volvió a repetir y sólo puede farfullar impotentemente un «I’m really sorry, I can’t understand you». El hombre, que se le notaba algo desesperado, se apartó la mascarilla para poder hablar mejor. Y entonces vi que apenas tenía dientes y me sentí realmente mal, porque seguía sin entenderle y no era su culpa. Al final, una mujer que estaba detrás mío le respondió y él se fue. No entendí a ninguno y me sentí completamente boba…

El otro gran problema que nos está causando el virus, es un problema con algunos suministros. Mientras que las cosas básicas como los alimentos, están garantizadas, en otras como los muebles o la electrónica, hay una escasez evidente. Y todo parece ser un problema de transporte, porque si el producto está en stock, lo tienes en el momento. Pero si no está, tardan semanas en reponerlo. Por esto, el sábado pasado fuimos a mirar sofás, y en la primera tienda que entramos nos dijeron que tardarían 20 semanas en llevárnoslo. ¿¿Cómo?? Esto nos pareció una exageración, y salimos de la tienda.

Nos pasamos el sábado visitando varias tiendas de muebles más y, sin ser tan exagerados, sí que en la mayor parte de ellas nos entregaban los muebles en unas 6 semanas. Finalmente, encontramos una con un sofá que nos gustó mucho y que «sólo» tardarían 4 semanas. Como nos quedaba aún una tienda por ver, que además estaba justo en frente, le dijimos a la vendedora que volveríamos en un rato. Fuimos a la otra tienda, revisamos los sofás, y vimos que realmente nos gustaba más el anterior. Así que volvimos y localizamos de nuevo a nuestra vendedora. Revisó los datos, y nos avisó que ahora el sofá llegaría a principios de diciembre. ¿Cómo es posible? ¡Ha pasado media hora y ha cambiado a 6 semanas! Resultaba que era una cadena de tiendas muy grande y el inventario era general para todas, así que en ese tiempo se había agotado el inventario para esas fechas…

Por supuesto, lo encargamos. ¡A saber cuántos retrasos más podría haber! Y ahora ya sólo nos queda esperar… pero no sentados.


Alquileres y mudanzas

Nos hemos conseguido mudar en una semana, por increíble que parezca. El viernes pasado, el 2 de octubre, firmamos el contrato. La cosa es que como ya habíamos visto muchas casa por internet, teníamos bastante claro lo que queríamos y sólo nos quedaban detalles que sólo se pueden ver en persona. Curiosamente, la que al final hemos elegido era la que menos nos llamaba la atención, pero las condiciones son muy buenas, la casa tiene muy buena pinta y la atención fue estupenda.

¿Cómo fue ver casas aquí? Pues muy condicionado por la COVID. Por supuesto, mascarillas obligatorias y en muchas, con guantes. En varias de ellas tenían lo que llamaban self guided tours, en los que nos daban las llaves y nosotros las devolvíamos cuando acabábamos. Esto no estaba mal, sobre todo porque no había límite de tiempo ni agentes pesados, pero nadie contestaba las dudas y se sentía muy impersonal. Los pisos aquí son muy caros, y los acabados no son siempre los mejores. Así que da un poco de rabia ver el dineral que te piden por algo que tampoco es lo más nuevo ni lo de mejor calidad. Pero creo que finalmente hemos elegido bien, veremos a ver qué tal.

La única cosa un poco rara de nuestra nueva casa es que no tiene lámparas ni en el salón ni en las habitaciones. Es curioso, porque los interruptores existen y, al principio, creíamos que no funcionaban. Pero entonces Salva vio que tenían unas pegatinas redondas, rojas y verdes, y se dio cuenta que también había enchufes que tenían las mismas pegatinas y que se correspondían con ellas. Así que al menos ahora sabemos dónde deberían ir las lámparas.

Ahora estamos liadísimos comprando cosas y acondicionando la casa. El sábado pasado fuimos a comprar la cama, y el vendedor era un hombre absolutamente encantador. No hacía más que decirnos que no nos podía engañar, porque estaba orgulloso de su trabajo y había un poder superior que lo gobernaba. Y cuando decía esto, se reía, levantaba las manos y miraba al cielo. Un espectáculo, y pese a todo, profesional y rápido, ¡así que muy contentos!

¡Ahora a seguir amueblando y descubriendo!