Navidades en tiempos de Omicron

¡Feliz año nuevo! Qué barbaridad, ¡cuánto tiempo sin escribir! Tengo que decir que han sido unos meses muy alocados. La causa principal de estrés, fue que ¡conseguimos ir a España a pasar las vacaciones de Navidad!

Las fronteras, que cerraron el día 12 de marzo de 2020, se reabrieron el 8 de noviembre de 2021, tras 20 meses cerradas. Los expatriados llevábabamos meses sin poder ver a nuestras familias, pese a estar vacunados, pese a que nuestros países estaban en mejores situaciones epidemiológicas que Estados Unidos. Pero finalmente, se empezaron a oír rumores fuertes en redes sociales, y se anunció la apertura el pasado septiembre.

Con mucha alegría, reservamos los billetes para volver a España, y aprovechando, nos decidimos quedar todas las Navidades. Nos leímos la información sobre lo que necesitábamos para entrar, y cogimos cita para el refuerzo de la vacuna, por si acaso.


Y entonces, como si del malo de un videojuego se tratase, apareció Omicron. Hay que decir que, hasta entonces, la sensación que se respiraba por aquí era de prácticamente normalidad. No había que llevar mascarilla en exteriores ni en la mayor parte de los interiores, pese a que eso quedaba a discrección del comercio. En algunos lugares pedían el pasaporte de vacunación (el estado de New York tiene uno propio), pero como norma general, todo estaba muy tranquilo.

Cuando se descubrió Omicron, el estado de New York declaró preventivamente el estado de alarma, aunque aún no se habían detectado casos. Curiosamente, los primeros síntomas se detectaron en un viajero que vino a una convención de manga y anime, la Anime NYC 2021, a la que varios de nuestros amigos atendieron con sus hijos (ninguno cogió nada). Y poco a poco, Omicron fue tomando Manhattan. Pero como al principio fue lento, y la ciudad estaba en Navidad, la gente se echó a la calle deseosa de luces, compras, fotos para Instagram, y algo de normalidad. Nosotros bajamos un par de veces en diciembre y una noche, había tanta gente junto al famoso árbol de Navidad del Rockefeller Center, que nos quedamos atascados en la multitud. Y no todo el mundo llevaba mascarilla en aquel momento. Para mí, que he podido experimentar el Manhattan casi vacío de pandemia, fue algo impactante y agobiante. Hacía mucho tiempo que no tenía a tanta gente a mi alrededor.

Multitud en el Rockefeller Center la primera semana de diciembre de 2021. Aunque no se aprecia toda la gente que había, se puede ver que no todos llevan mascarilla.

Con todo esto, empezaron las primeras alertas de posibles contactos con positivos. La primera que tuvimos nosotros, fue nada más encender el móvil al aterrizar en España. Y a partir de ahí, fue un no parar. Muchísima gente conocida cogió Omicron cuando estábamos en España. En olas anteriores, yo conocía a una o dos personas afectadas. Pero esta vez, era una exageración: familia y amigos, niños y mayores, gente aislada y gente que salía mucho. Nosotros nos hacíamos tests de antígenos cuando veíamos algún problema (que encima se agotaban enseguida en las farmacias), pero nos sentíamos constatemente como si estuviésemos esquivando balas. El miedo generalizado al contagio nos empezó a permear y, cuando antes habíamos ido por la calle sin mascarilla, en España ni se nos ocurría. Todo el mundo llevaba, además. Y cuando aquí no habíamos tenido problemas con entrar en todos lados y estar con otras personas, aquí reducíamos los encuentros lo máximo posible e intentábamos estar en terrazas siempre. No éramos los únicos: muchos amigos en España no habían dejado esas precauciones en toda la pandemia. Y eso que se notaban las vacunas: síntomas mucho más leves que antes, y los que conocíamos se recuperaban mucho más rápido. Pero ahí estaba ese miedo. Y que en nuestro caso, también estaba fomentado por el hecho de tener que coger un avión de vuelta con un test limpio…

Finalmente, tuvimos la suerte que no nos contagiamos y pudimos volver a casa sin mayores problemas. ¿Sería porque teníamos el refuerzo reciente? ¿Sería que tuvimos suerte o que nos cuidamos muy bien? No lo sé, supongo que ya nos tocará, pero no esta vez.

Me quedé, sin embargo, pensando en que es curioso el contraste que vimos. ¿No se debería tener menos miedo en un país donde el índice de vacunados es tan alto? Quizás sí, pero el respeto al virus que vimos en España era muchísimo mayor que aquí. Como datos, decir que ahora mismo, el porcentaje de vacunación de EEUU es del 63,3%, y el de New York es del 73,5% (el séptimo más vacunado). Y España tiene un alucinante 90,6%.

Al volver a los Estados Unidos, ya hemos visto que se ha reinstaurado el uso de mascarillas obligatorio en interiores, y que más gente la lleva por la calle. Es más, por fin ha empezado aquí el debate sobre qué mascarilla es mejor, que se dio en España al principio, ya que aquí sólo es obligatorio cubrir la nariz y la boca con tela, y mucha gente usa pañuelos o bragas. Y es que en los últimos 15 días se han registrado casi 11 millones de casos nuevos. En España, en toda la pandemia, no se ha llegado a los 9 millones.

Y con todo, aquí se sigue notando menos miedo. ¿Por qué será?

¡Hemos sobrevivido al 2020!

Muchas cosas han pasado que nos han mantenido ocupados, siendo las principales protagonistas las fiestas navideñas. Unas fiestas que, este año, no han sido normales para nadie que yo conozca. Y, para nosotros, han sido nuestras primeras Navidades americanas, con todo lo que la novedad conlleva.

Realmente, según lo que he podido ver, son unas fiestas muy similares a Acción de Gracias. Cambia la decoración, eso sí, que es muy exagerada. He visto casas con luces normales, luces de LED con animaciones, proyecciones con luces para cubrir cada centímetro, muñecos de cualquier cosa imaginable, con luces y sin ellas (hinchables muchos, hechos con hileras de luces otros). Lo de los muñecos no tiene nombre: docenas de tipos de Santa Claus, renos, trineos, regalos, Belenes (con palmeras y todo), ángeles, niños de coro, muñecos de nieve, bastones de caramelo gigantes (mis favoritos). ¡He visto hasta un león con un gorro de Santa! De hecho, descubrimos que muy cerca de nuestra casa, había una especie de show en el que cuatro casas del vecindario se llenaban de adornos y sincronizaban sus luces con una emisora de radio local. Si querías, podías pasarte a pie o en coche y poner la radio para disfrutarlo. A decir verdad, era bastante impresionante.

Aparte de los adornos, son unas fiestas familiares y en las que se compra mucho y se come mucho. Como en España, vamos. Claro que lo que se come es distinto y, en especial, los dulces. Aquí tienen cosas típicas británicas, como el pudding, los mince pies o los christmas logs, sumado a cientos de chocolatinas, galletas y packs para hacerte tus propias galletas, que te venden como una especie de experiencia familiar. Otra cosa que me hace mucha gracia, son los packs de constrúyete tu propia casita, de chocolate o galleta. Por supuesto, ¡nos compramos una y la hicimos! La casita no estaba especialmente rica (¡tampoco estaba mala!), pero fue una experiencia de lo más divertida y venía todo muy bien preparado. ¡Nos supo de maravilla!

Por nuestra parte, las fiestas han sido tranquilas y no hemos visto a mucha gente. Pero al igual que en España, son familiares, con la excepción de Nochevieja. Pero este año no había ganas de festejar ni tampoco estaba permitido en muchas partes. De hecho, vimos tanto las campanadas en la Puerta del Sol (por nostalgia) como la caída de la bola en Times Square. Hay que decir que la caída tiene menos gracia, pero suponemos que sin gente no es lo mismo.

Nos falta aún Reyes, que la haremos solitos pero contentos. Un detalle curioso es que aunque aquí no celebren Reyes, al menos en nuestra ciudad conocen la fiesta, principalmente por la influencia latina.

¡Esperamos que no nos traigan carbón!

Escasez de adornos de Navidad

Una cosa que me parece realmente curiosa de aquí, es lo rápido que se acaba la decoración de las fiestas en las tiendas. He leído algunos artículos que hablan que este año la gente ha empezado a decorar antes, pero hay extremos que no tienen sentido. Fuimos a comprar adornos para Halloween cuando quedaban dos semanas para que empezara, y no quedaban apenas, sólo los de liquidación. Es más, ya estaban empezando a poner los adornos de Navidad.

Pese a haber visto esto, no esperábamos que también pasara con la Navidad, más teniendo en cuenta las cantidades de productos que había. Pues nada, hoy hemos tenido que rebuscar y, de milagro, hemos encontrado medias para colgar con nuestras iniciales. Como es de imaginar, de muchos colores sólo quedaba la letra X. ¿Y bolas para el árbol? Pues en esa tienda no quedaba ni una, tendremos que probar en otras.

¡Nuestros stockings!

¿Es que todo el mundo renueva sus adornos cada año y por eso se agotan con tanta rapidez? Pues no lo sé, pero me atrevería a decir más bien que este es un país tan grande, con tanta gente y tantas circunstancias diferentes, que siempre hay demanda de todo.

Y claro, también es verdad que por lo que parece, la gente está decorando para sentirse un poco mejor y más alegre en este año tan raro. ¡Veremos a ver si las Navidades del año que viene son iguales!