Correo ordinario y no tan ordinario

He estado un tiempo sin escribir, principalmente por varios problemas técnicos. ¡Pero ya está todo solucionado y puedo volver a escribir con normalidad! 😊

Hacía ya un tiempo que quería escribir sobre el correo en Estados Unidos. No el correo electrónico, si no el correo físico; lo que te encuentras en el buzón de tu casa, vamos. Nosotros tenemos la suerte de que estamos en un edificio de apartamentos con un conserje 24 horas, con lo que la gestión de paquetes y correos es muy sencilla. En una casa particular es otro cantar. De hecho, aquí el mayor éxito de las cámaras de seguridad inteligentes, ha sido el de instalarlas en las entradas para evitar (en la medida de lo posible) los robos de paquetes y cartas… Por suerte, eso no nos pasa.

La primera vez que fuimos realmente conscientes del correo, fue cuando hicimos las gestiones de la Tarjeta de la Seguridad Social, y nos dijeron que nos la mandarían por correo. Hasta ese momento, las escasas veces que habíamos abierto el buzón, habíamos encontrado pocos hallazgos aunque curiosos: cupones de descuento del supermercado, publicidad de alguna tienda y cartas para los inquilinos anteriores. Pero la tarjeta fue la primera de muchos documentos que nos han llegado por correo: el carnet de conducir, los papeles del coche, las facturas de los suministros, las tarjetas de crédito del banco… ¡Hasta las matrículas del coche nos llegaron por ahí! Aquí se confía muchísimo en el correo ordinario para todo, no sé si será una cosa de la COVID19, pero no lo parece.

Quizás por este hecho, me llame tanto la atención que exista tanto correo basura. Sí, como en el correo electrónico. Me estoy refieriendo a cosas que recibimos, normalmente de publicidad, que me dejan absolutamente alucinada. Por ejemplo, es de lo más normal que nos lleguen cartas con tarjetas dentro, de cartón o de plástico y que imitan a tarjetas de crédito reales. Algunas son realmente convincentes. Estas tarjetas, bien tienen descuentos, o bien tienen directamente dinero, porque son tarjetas regalo para gastar en exclusiva en la compañía que se anuncia.

También hay publicidad y descuentos más normales, pero dentro de las cartas, hay cosas que rozan el absurdo. Hay una compañía que cambia sus sobres cada cierto tiempo, para que no sepas que son ellos y abras sus cartas. Otras compañías incluyen cosas en el sobre como «Time-sensitive information» («Información sensible a caducidad») o «Inmediate response required» («Se requiere respuesta inmediata»), y estos sobres no tienen remitente ni logos. Y claro, te asustas porque piensas que es una multa o algo así, y es… una mierda de tarjeta regalo, otra vez. Y hace poco, ¡nos mandaron un dólar real en una carta! Como si ya no supieran qué inventar.

Ejemplo de tarjeta, de cartón, que te envían por correo. Y ponen «¡Enhorabuena!» y todo, como si hubiera hecho algo para ganarla…

Recuerdo que una vez en el banco, le comentamos a nuestro agente que en España no era habitual mandar tarjetas con dinero por correo. Y el hombre, se monstró realmente sorprendido, y nos preguntó «Entonces, ¿cómo hacen los bancos allí para publicitarse?»… Como aquí cualquier comercio tiene su propia tarjeta y están muy acostumbrados a usarlas, este sistema parece muy eficaz con el público americano. Pero a mí me resulta extrañísimo.

Y es un poco inevitable el recibir toda esta locura de papeles y tarjetas. Muchas veces ni siquiera están a nuestro nombre, si no que se dirigen al «inquilino». Así que cada vez que cogemos el correo, tenemos como una docena de cartas varias (que a veces son publicidad, a veces no), publicidad directa, cupones y revistas. Nunca he tenido el buzón tan lleno. Por suerte, en nuestro edificio tienen una papelera de reciclaje de papel al lado de los buzones, así que hacemos mucho uso de ella.

Y siempre, está llena hasta arriba.